viernes 8 de junio de 2007

Lo bueno, se hace esperar...

Yo no se que pasa con los hombres, sobre todo cuando llegan a cierta edad... Vale, si. Puede que sea un tópico esta reflexión de hoy, pero tengo una amiga que está ahora mismo que no entiende lo que está sucediendo con su "última ilusión".
Vamos a ver. Si un tío decide que es el momento de decirte que te vayas una semana a vivir con él, indenpendientemente de l@s niñ@s, de l@s ex y de las cosas, a ver cuál es el motivo por el que una semana después, decide que es mejor no llamarte porque necesita tener la libertad de poder elegir cuándo, cómo y por qué te llama. ¿Pero de qué estamos hablando? ¿Qué necesidad tenemos nosotras, mujeres libres y liberadas, independientes económica y emocionalmente, de estar pendientes de estas, con perdón, gilipoyeces? ¡Que se vayan con su madre si eso es lo que están buscando! Nosotras, con los pañales de nuestra prole, hemos tenido suficiente.
Coño, ya lo he dicho. Que descanso. Espero que mi amiga lea estas líneas, porque de verdad que no tiene ninguna necesidad de compartir amig@s, partidos de fútbol, tardes de cine y noches de blanco satén pa ná. Porque encima... ¡está buena! Vamos, que sale dos noches a cenar y se lleva de calle al tío que quiera! ¿Por qué algunas chicas tenemos esa especie de maldición encima ("fíjate siempre en el que más te va a dar por saco")?
A todas nos llega el momento, guapa. El principe azul que todas buscamos - al menos yo lo buscaba - termina por aparecer. Lo que pasa que mientras tanto, claro, nos toca besar muchas ranas. Pero, ay, cuando llega...

jueves 7 de junio de 2007

Querer... ¿es poder?

Hoy es el cumple de una amiga mía. Cumple 34. La llevo felicitando desde que teníamos doce, creo. Más o menos. O sea, toda una vida. Y me dice, "no te parece un número feo, los 34?". Y yo, no. Me encanta. Espero incluso ser madre de nuevo a los 34. ¡Cómo no me va a gustar!
Ella tiene dos niños. Trabaja en casa. Con los dos. Está agotada. "Tú sabes lo que es estar 24 horas sin tener una conversación normal, solo caca y teta?". Porque al pequeño, que tiene seis meses, le sigue dando la teta. "Tú es que estás loca, guapa... seis meses con la teta... qué valiente". Si. Mi amiga es una valiente.
Es una madre como las de antes. Como la mía. Peleando con los dos enanos. El mayor no va al cole todavía. Hasta septiembre no lo llevará. Desayuno, comida y cena. Siestas. Cacas, pañales, vómitos y fiebres. Barrio sésamo por la tarde o lo que toque. Ahora que hace bueno, están en el parque toda la tarde. Enseguida lo cambiarán por la piscina. Y se volverá más loca todavía, corriendo detrás de los dos fieras, para que no se le ahoguen. La verdad es que me da envidia.
Supongo que ella no me cree cuando se lo digo, pero es así.
Hace un par de días, hablé con otra vieja amiga, separada y al cargo de su niño de cinco años... "No te separes nunca", me dijo. "Es imposible". Ella tuvo que buscar otro trabajo que pudiera compaginar con la vida de su hijo, y ahora que quiere volver a ejercer su profesión, no encuentra un horario compatible con la vida, claro... "Cuando has probado lo que es eso", le dije, "lo del parque por la tarde con tu niño, darle la merienda, en fin, esas cosas de madre, no quieres renunciar a ellas". Y ella, "ya... pero tú no sabes lo que es estar todo el día hablando de cacas y meriendas..."
¿Por qué siempre queremos lo que no tenemos? Es la condición humana, supongo. El miedo a equivocarnos y a no poder dar marcha atrás. También, en mi caso, la necesidad de repetir patrones aprendidos. Si mi madre lo hizo así, yo debería también hacerlo así. Al fin y al cabo, la mía - como la de todos -, era la mejor madre del mundo.
Solo espero que mi prole esté orgullosa de su madre y de su padre, y sepa perdonar el tiempo que no compartimos.

lunes 4 de junio de 2007

Adiós bollito...

Que uno se esfuerce por hacer las cosas bien no significa que las cosas tengan por qué salir meridianamente bien. Vamos, ni meridianamente, ni nada que se le parezca. ¿Que le pones más que mimo al bollito que acabas de meter en el horno, y para comprobar que todo esta en su punto, vas con toda tu buena intención y abres la puertecita para ver como va oliendo? Pues date por jodida, porque en ese instante, el bollito de los cojones se va a desinflar ante tí como quien pincha un globo. Eso, para que aprendas. Y la próxima vez metes tu nariz donde te quepa, a ser posible bien lejos del horno.
Pues eso pasa muchas veces. Y no siempre con bollitos que van al horno.

viernes 1 de junio de 2007

Nada mejor

Me toca con sus manitas pequeñas mientras me pide que le cante "ota cancio, mama"... y se me llenan los ojos de lágrimas, porque es lo más bonito que me han dicho nunca...
Me mira con sus ojitos pequeños a lo más profundo de los míos, mientras va dibujando la carita de cartón del muñeco Pinpon, mientras se desenreda el pelo con peines de marfil... mientras se frota los ojos porque cuando Pinpon se da tirones, ni llora ni hace así.
Y entonces yo me muero de gusto. Porque no se me ocurre nada más maravilloso en el mundo que estar así para siempre, cantándole canciones bien cerquita, bien bajito, mientras con sus manitas pequeñas me sigue tocando, y me pide que le cante "ota, mama"...
He vuelto a recordar todas las canciones de los payasos y voy por el segundo Lp de Rosa León... porque quiero tener en la cabeza todas las canciones posibles, para repetir muchas veces esos momentos... porque es lo más maravilloso que jamás pensé que me podría pasar.
(Y a tí, gracias por este regalo)

jueves 31 de mayo de 2007

Dudas

No se si actualizar mi blog o actualizarme yo....
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Opto en este instante por actualizarme yo.
No digo más.

martes 29 de mayo de 2007

Un paso más

¡¡¡Como nos ha costado a las chicas/tías/mujeres de mi edad llegar donde estamos!!! Bueno, en realidad, le costó a la generación anterior, pero nosotras también sudamos lo nuestro... Hemos sido las primeras en asumir que lo normal en nuestra vida es trabajar y ser madre, al mismo tiempo, conciliando o sin conciliar, costándonos lo que nos cueste. ¡Y vaya que cuesta! Pero para eso hemos luchado, han luchado las generaciones anteriores, para conquistar nuestros derechos, sobre todo laborales. Porque, ¿dónde nos hemos dejado los otros derechos... los de la vida?
Hoy en día, trabajar y ser madres es casi una obligación. Para cuando tenemos edad de alumbrar de forma responsable, para cuando hemos encontrado la pareja ideal, nos hemos metido en una vorágine de gastos que hacen imposible la utopía de dejar de trabajar. ¡Y menos con un bebé! En muchos casos, cuando estás preparada para traer un hijo al mundo, tu carrera profesional está, ¡al fin!, a punto de despegar, o tal vez despegando... así que tampoco nos atrevemos a dejarlo todo por el pequeño ser, porque hay que aprovechar ese momento... para eso nos quemamos las pestañas estudiando una carrera!!! O nos esforzamos tanto trabajando gratis al principio!!!
Al final, todo esto nos hace vivir una dualidad imposible. La de la madre trabajadora. La de quien se pierde todas esas papillas que nunca volverán por estar en reuniones interminables... y llora. La de quien cambia pañales pensando la manera de que esta semana nuestro resultado sea mejor que el anterior... y vuelve a llorar porque tampoco disfruta del cambio del bebé...
Somos las eternas insatisfechas... Ese tiempo que robamos al trabajo para dárselo a nuestros hijos, y que robamos a nuestros hijos para dárselo al trabajo, hace que - en muchas ocasiones -, descuidemos por completo nuestra vida individual y espiritual... y nuestra mitad, como parte de una pareja... Eternas insatisfechas... siempre queriendo dejar el trabajo, cambiar de vida, poner un chiringuito en la playa, hacer escuelas en Nicaragua, montar una tienda de ropa, un estudio de fotos o una huerta en el pueblo... ¿Cobardes por no dar el paso o valientes por seguir cada día, dando un paso más?
Hay que encontrar la justa medida para equilibrar todas esas chicas/tías/mujeres que somos a las diferentes horas del día. Para que ninguna le robe protagonismo a las demás. Para que así podamos disfrutar plenamente de la vida, y hacérsela disfrutar a los demás.

PD. Lo de ayer fue solo una reflexión sobre una frase que escuché en la radio... Gracias por llamarme. Estoy bien.

lunes 28 de mayo de 2007

Dolor vs. Sufrimiento

Lo dijo Buda: "El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional". Para llegar a esta conclusión, no hacía falta ser Buda... O sí, a juzgar por lo que se ve.
Sufrimos más de lo necesario. Más de la cuenta. Más que el otro. Más. Porque para ser el centro de atención no sólo de nuestra vida, sino de las demás, siempre tenemos que jugar a más. A ser más, a querer más, a ambicionar más, a ganar más, a gastar más aún, a divertirnos más, a follar más, a beber más, a trabajar más ... y a sufrir, por supuesto, mucho más. Para ser el centro de atención tenemos que ser más graciosos, más guapos, más flacos, más gordos, más simpáticos, inteligentes, bondadosos, hijosputa, generosos o bandidos... lo que sea, pero más. Y cada vez, más.
Hasta que llega el dolor de verdad. El que hace daño en el alma. No el de las cervicales o la espalda; ni el de las migrañas crónicas. Ni siquiera el del abandono. Llega el DOLOR. El que te deja sin aliento. El que nunca imaginas que podrías sufrir, el que nunca te iba a tocar a tí... El que siempre imaginaste que sería para otros... Y entonces, ¿qué?
Todo el mundo espera de tí que sufras, que llores, que seas un alma en pena por los pasillos de la vida... pero tu, no. Esta vez, parece que no va contigo. Y ni sufres, ni lloras ni penas. O eso, al menos, parece. Tu dolor es inevitable... pero tu sufrimiento, por mil motivos, es opcional. Y gracias a esa decisión, tu vida sigue. Eliges continuar, dejando a un lado el dolor. Porque contra lo inevitable no se puede luchar. Y es más inteligente seguir. O al menos, más valiente.